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22 oct 2010

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LOS TRES CORAZONES DE TERRY JONES


Su Primer Equipo en Chile Fue el Club Deportivo Liceo de Curico en 1985

Lo último que se supo de Jones fue lo que mostró un video grabado en EE.UU. en que aparece con una gran cicatriz en la cabeza.

La primera vez que cayó preso, Terry le confesó a su pareja que la cocaína lo había consumido. Le pidió otra oportunidad y la obtuvo.

Terry Jones jugó en once equipos de la Dimayor y remeció al básquetbol chileno en los años 80. Tras eso, inició un camino de delincuencia y drogas, dejando una huella desgraciada por todos los lugares donde pasó. Tuvo tres hijos, de distintas madres, quienes han tenido que lidiar con el padre más ausente de todos: ni siquiera saben si está vivo. Esta historia, hasta hoy inédita, está contenida en el libro "El lado B del deporte chileno", que hoy lanza el periodista Rodrigo Fluxá.

En su último día en Chile, a fines de junio de 2004, Terry Jones habló con los tres por separado, nadie sabe exactamente en qué orden. A Ty lo fue a visitar en persona, lo llevó a una pieza aparte y le dijo cosas destinadas a perderse en la memoria de un niño de un año y medio. En Curicó, Ivonne Martínez recibió un llamado.

-¿Está Thomas?
-Sí, ¿qué quieres?
-Voy para el aeropuerto. Me devuelvo a Estados Unidos. Tengo vuelo a las 3:00 y quiero despedirme.

La mamá llamó a su hijo.

-Es tu papá. Dice que se va.
Thomas, de dieciséis, sí se acuerda de lo que escuchó:
-Las cosas no están funcionando para mí acá. No sé si estás enojado conmigo todavía, pero quiero que alguna vez vayas a verme.

Darrol, de diez, quiso ir hasta el aeropuerto y verlo entrar a Policía Internacional. "Lloré como enfermo", recuerda.

Terry Lawrence Jones había aterrizado ahí mismo en 1985. Tras una correcta carrera como jugador universitario, durante la cual, como le encantaba mencionar, había jugado incluso contra Michael Jordan, aceptó una oferta de un agente para jugar básquetbol en Sudamérica. Eligió Chile. Tenía veinticinco años y era el menor de cinco hermanos, criados por una madre soltera en Compton, uno de los barrios más peligrosos de Los Angeles. Su papá se había ido cuando él era un niño.

Terry no pasaba inadvertido con su metro 98 cuando caminaba por el centro de Curicó. En la cancha tampoco; pese a ser desordenado y poco dado al entrenamiento, era un anotador nato, un espectáculo poco usual en Chile.

Una tarde conoció a Ivonne. Le gustó, y antes del año estaban casados. Su terno era de un impecable blanco.

En octubre del 87 nació Thomas. En ese punto, Terry ya era un consumidor habitual de marihuana.
Durante sus primeros cuatro años en Chile, Terry jugó en cinco equipos. Ganaba, en promedio, 500 mil pesos al mes; no les faltaba nada, pero su matrimonio no se parecía al que Ivonne se había imaginado. Una vez, cuando llevaban sólo meses, su esposo viajó a Puerto Montt y no se reportó en tres días. Llegó al cuarto a la casa, como si nada, preguntando: "¿Hice algo malo?".

Sonaba sincero. Ivonne, con el tiempo, concluyó que Terry tenía un desapego total por todo, se entusiasmaba al principio y dejaba de importarle más adelante. Era capaz de comprarse una tele para ver una pelea de Mike Tyson y no prenderla nunca más. Tampoco llamaba a su familia en Estados Unidos, ni les escribía. Tenía un hijo allá de una relación previa, pero casi no hablaba de él. Lo emocionaban los animales, recogía gatos vagos en cada ciudad y los metía en su casa.

Viviendo en Viña la situación empeoró. En un espacioso departamento, Terry tenía una pieza que ocupaba sólo para fumar. Siguió desapareciéndose. Ivonne salía a buscarlo.

-Hola, Ivonne, no preocupa, yo estar bien, yo olvidé teléfono de casa.

Lo llevó a un psiquiatra. Ahí Terry contó un sueño recurrente: salía flotando de su cama, cruzaba el techo, atravesaba la cordillera y se alejaba de toda la gente que conocía en Chile.

El 89, Terry recibió una oferta para jugar en Santiago. Vivieron en el edificio de la federación, en calle Nataniel. Ana María Navarrete tenía veintiún años en ese entonces y alojaba ahí mismo, con la selección chilena femenina. En un almuerzo conoció a Terry, quien empezó a seguirla, primero para ser amigos, y después con otras intenciones.

-Me contaba que su matrimonio estaba mal, que su mujer nunca lo amo, que sólo lo quería porque era famoso. Que se iban a separar.

Ivonne, en efecto, ya había tomado la decisión hacía un tiempo: iba a volver a Curicó porque su hijo necesitaba establecerse en una ciudad, ir al colegio y tener una figura paterna más convencional. Terry le prometió una pensión de 100 mil pesos para Thomas, pero cuando lo llamó el primer mes, él dijo: "Ivonne, no tener la plata ahora. No poder mandarla". Nunca más le pidió.

La misma semana en que ella se fue, Terry arrendó un departamento en el centro y llamó a Ana María.

-Ya, se fue mi mujer a Curicó. Poder estar los dos ahora.

Se fueron a vivir juntos casi de inmediato. Pese a todo, funcionó muy bien por casi cinco años. Ambos se acompañaban a sus respectivos partidos, visitaban los gimnasios, eran la pareja símbolo del básquetbol chileno.

Thomas no lo vio hasta los cuatro años. Un día llamó al sur y le preguntó a Ivonne si era posible que viajaran la próxima semana a Santiago.

-Es que voy a filmar réclame para Brooks y necesitan un niñito negrito. Yo pensar en Thomas.

Fueron a la grabación en Bellavista. En el comercial se ve a Terry jugando básquetbol y en el fondo a Thomas intentando lanzar al aro. Ivonne tiene una cinta de VHS en su casa como recuerdo. El aviso salió en una tanda durante una transmisión de "La novicia rebelde".

Thomas casi no tiene recuerdos de infancia de su papá. Quedaron de esas tardes una pelota naranja, unas zapatillas Nike y un buzo blanco.

Ana María miraba esa distancia, pero igual planificó su primer hijo para 1994. Se tomó un año sabático del básquetbol y se fue a vivir con Terry a Laja, donde lo habían contratado meses antes. Ella dice ahí fue donde comenzaron los problemas. Recuerda un Año Nuevo en el que Terry ni tocó su cena. También que se daba vueltas en la cama hasta las 4:00 AM y finalmente, desesperado, salía a caminar. Tiempo después empezó a encontrar papeles de cuaderno cortados en cuadrados muy pequeños. Terry ni siquiera llegó al nacimiento de Darrol, en enero del 94. Apareció a la semana en Quilpué para ir a inscribirlo al Registro Civil. Se fue días después, sin pagar nada. Ana María tuvo que volver a jugar básquetbol -con los pechos repletos de leche- a los diez días de salir del hospital, para poder comprar pañales y pagar las cuentas. Semanas más tarde, la llamaron de la embajada de EE.UU. para avisarle que Terry estaba preso por asaltar a un taxista.

Todavía se acuerda de lo que le dijo cuando la vio en la Penitenciaría:

-La cagué. La coca me tiene loco, quiero salir y que me des otra oportunidad. Tú siempre me ayudái.

A los diez meses quedó libre, con la obligación de firmar. Se fue a vivir con Ana María a la casa de sus papás. Estuvo tres meses tranquilo: entrenaba y volvía en la noche. Hasta que una vez no llegó.

Terry estuvo viviendo una temporada en la calle, como vagabundo. Pedía limosnas en el Barrio Alto y lo que ganaba se le iba en drogas. Dormía en los parques y, luego, en un camión de fletes en Providencia.

Un grupo de jugadores extranjeros avecindados en Chile organizaron una gira a Perú y lo invitaron, casi como un favor. Al regreso de Lima decidió bajarse en Arica. Se quedó un año viviendo ahí. Él mismo contaba que allá pudo finalmente drogarse sin esconderse. A toda hora, en todas partes. Nadie sabe con certeza cómo financió el hábito. Quienes lo conocieron entonces no descartan nada.

Cayó detenido en el norte por robarse una bicicleta. Como estaba en rebeldía, lo mandaron de vuelta a Santiago, pero lo dejaron libre al llegar. En ese punto Ana María ya tenía otra relación, pero igual lo ayudó a encontrar una pieza donde dormir. Al poco tiempo, volvió a caer preso por dos delitos más: una pelea con una prostituta y el robo de unas zapatillas en el Persa. Se las estaba probando cuando decidió salir corriendo, con ellas puestas.

De vuelta en la Penitenciaría, Ana María siguió visitándolo. Iba todos los martes a dejarle algo de plata y comida. Volvieron a juntarse, con él recluido. Ella consiguió que lo trasladaran a Valparaíso.

Allá llevaba a su familia todos los sábados para que tuviera compañía. A Darrol le decía que era un hospital y que su papá estaba enfermo. Terry se hizo religioso y formó un grupo de música con otros internos.

En un concierto en el año 2000 lo vio Teresa Cisternas, quien acompañaba en el acto a su mamá, presidenta de una corporación de cultura.

La joven, de 25 años y fanática del básquetbol, lo reconoció: había sido uno de sus ídolos en los 80. Se acercó a hablarle y lo encontró mal vestido y cochino. Comenzó a visitarlo seguido para ayudarlo, y ambos terminaron enamorándose en los galpones que tenía la cárcel para las visitas familiares.

Un sábado cualquiera, Ana María llegó a verlo y Terry le dijo:

-Conocí a otra mujer. Te lo puse en la carta.
-¿Cómo? ¿Aquí en la cárcel? ¿Qué carta?
-Sí, quiero estar con ella.

Ana María sintió un calor que le subía por el cuerpo.

-¡Cagarme en la cárcel, ésta es la peor de tus chanterías! No sé si enojarme o darte las gracias. Con esto me libro de ti para siempre.

Le pidió de vuelta una cadena que le había regalado y se fue. Recién el martes llegó la carta a Quilpué; Terry había calculado mal los días. Fue la única vez que lo odió. Se le pasó al poco tiempo.

Teresa se puso en contacto con su familia en Estados Unidos y le contó todo lo que había pasado. Ellos le dijeron que el papá de Terry había muerto en el intertanto, que por favor le avisaran. Terry ni lo lamentó.

Teresa comenzó a hablar con los gendarmes y asistentes sociales para conseguirle salidas dominicales.

Después de un tiempo obtuvo, gracias a un contrato con el Boston College, su undécimo equipo en Chile, la libertad condicional.

Alcanzó a jugar en la Dimayor, lento, con 42 años, en 2003, el mismo año en que nació Ty. Los tres se instalaron en Maipú. La historia de su rehabilitación salió en la prensa. Ahí decía que la droga había sido su gran maldición, pero que Dios lo había curado.

Intentó retomar el contacto con sus otros hijos.

Thomas llegó un día del colegio en Curicó y escuchó una voz extraña en su casa, hablando un muy mal español. Miró por la ventana y vio a un hombre negro, muy alto. Almorzaron juntos. Le dijeron que era su papá.

-Fue muy raro. Me empezó a dar consejos, como un curso intensivo de ser padre. Me dijo que tuviera cuidado con la gente, que hiciera deporte y que me alejara de las drogas.

El club lo puso a cargo de clínicas de básquetbol y dando clases de inglés en los colegios. Estuvo además trabajando en un programa de Vivi Kreutzberger, grabando un segmento titulado "Un gringo suelto en Santiago". En el verano de 2003 fue a jugar unas exhibiciones en regiones. A la vuelta, empezó a dejar pistas de nuevo. Los dedos quemados, los papeles en el suelo. Aparecía exultante en los entrenamientos, levantando el doble de cargas que otros días. A principios de 2004 era evidente que había vuelto a consumir duro.

Teresa intentó enfrentarlo, pero recibió respuestas conocidas.

-Yo creía que lo podía cambiar, hacer lo que las otras no habían podido.

En mayo terminaron definitivamente. Teresa volvió a Valparaíso con Ty, y Terry se quedó en la casa de Maipú. Cuando lo fueron a ver, un mes después, la encontraron sin muebles, inmunda y con ocho perros y siete gatos recogidos de la calle.

Teresa y el dueño del Boston College decidieron comprarle los pasajes, arreglar su situación judicial y decirle que se tenía que devolver a Estados Unidos, que en Chile ya nadie podía ayudarlo.

De vuelta en California, vivió tres meses con su mamá y se perdió de nuevo. Cuando supieron de él otra vez, estaba preso en una cárcel de Los Angeles. Desde ahí, las pistas sobre su paradero son mínimas. No tiene e-mail ni celular. Un chileno, se supone, lo vio en Miami de la mano con una señora muy mayor. Después se supo que manejaba unos taxis. Le mandó una carta con lápiz grafito a Darrol y llamó a Ty para su cumpleaños.

Para una celebración, su mamá grabó y mandó a Chile un video en que Terry aparece ojeroso, muy delgado y rapado. Se le veía una profunda cicatriz en la cabeza, la cual no tenía cuando dejó el país. Ni siquiera su familia sabe algo de él después de eso.

Al final, todos rehicieron sus vidas, menos Terry. Teresa está de novia con un ex basquetbolista y lleva cada fin de semana a Ty, de siete años, a entrenar. Varios técnicos le ven futuro. Mide 1,35 metro, diez más que el promedio para su edad.

Ana María trabaja en la Clínica Reñaca. Tuvo una segunda hija y tiene amenazado a Darrol para que pase a segundo medio. Repitió octavo y primero. Es seleccionado juvenil, el mejor prospecto del país, y ha recibido propuestas para ir a jugar a Argentina y Estados Unidos. No está seguro. Come con la cabeza apoyada en un brazo y duerme tapado entero, igual que su papá. Dice que aprendió a no echarlo de menos, que es bacán y que lo quiere caleta.

Ivonne tiene una pareja hace más de quince años, con quien tuvo una hija. Muchos entrenadores presionaron para que Thomas jugara básquetbol o fútbol, pero él se decidió por el diseño: está en el último año de la carrera, y hace la práctica en una conocida agencia de Concepción. Por mucho tiempo odió todo lo que tuviese que ver con Estados Unidos, pero ahora está haciendo los trámites para acceder a la doble nacionalidad, a la larga, lo único que les dejó Terry a sus hijos. Fuma marihuana y pinta enormes grafitis en Curicó. Para el terremoto se cayeron varios edificios con obras suyas y recolectó los pedazos. Con veintitrés años, está seguro de que tendrá un hijo y que, sea en las circunstancias que fueren, va a verlo crecer.

Los tres están en contacto por internet y se hablan por teléfono muy esporádicamente. Sólo una vez han dormido bajo el mismo techo, a mediados de 2003, cuando su papá quiso juntarlos un fin de semana en Maipú. Hablaron de rap, salieron a comer y jugaron bowling. Como una familia normal.

Por Rodrigo Fluxá Nebot
Fuente: Diario El Mercurio
Juan Molina Luza dijo...

Hace muchos años siendo juvenil conocí a Terry cuando recién llegaba a jugar a banco del estado, creo que debió ser año 86-87 no lo recuerdo con claridad. Pero él era único,muy simpatico,no recuerdo alguna actitud negativa de él,si recuerdo que hablaba de jordan y sus estaturas. Una noche ví el comercial y me emocioné ya que era una persona recordada por mi a nivel basquetbolistico,unos años mas tarde víen un reportaje que lo entrevistaban en una carcel,eso me dolió ya que fué un icono deportivo y compartir con él y otros recordados jugadores como leo orellana, victor zamora entre otros son recuerdos hermosos de mi juventud y verlo así me apenó mucho. No sabía mas de su vida hasta que se me ocurrió googlearlo hoy encontrandome con éste extracto de su vida. Que Dios lo cuide.

Juan Molina Luza dijo...

Hace muchos años siendo juvenil conocí a Terry cuando recién llegaba a jugar a banco del estado, creo que debió ser año 86-87 no lo recuerdo con claridad. Pero él era único,muy simpatico,no recuerdo alguna actitud negativa de él,si recuerdo que hablaba de jordan y sus estaturas. Una noche ví el comercial y me emocioné ya que era una persona recordada por mi a nivel basquetbolistico,unos años mas tarde víen un reportaje que lo entrevistaban en una carcel,eso me dolió ya que fué un icono deportivo y compartir con él y otros recordados jugadores como leo orellana, victor zamora entre otros son recuerdos hermosos de mi juventud y verlo así me apenó mucho. No sabía mas de su vida hasta que se me ocurrió googlearlo hoy encontrandome con éste extracto de su vida. Que Dios lo cuide.

 
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