La tarjeta de presentación de Jordan Clarke en el básquetbol chileno fue inmejorable. El pívot de 25 años y egresado de la universidad de Drake, en Iowa, 2,03 metros y 115 kilos, había jugado dos partidos de pretemporada, pero en su primer cotejo oficial por Católica frente a la U. de Concepción se destapó con números sorprendentes: 43 puntos, 78 por ciento de campo (incluyendo un cien por ciento para tiros de dos puntos) y 13 rebotes. La UC ganó 76-70. “Había trabajado mucho en el verano con mis entrenadores. Me pusieron en una posición donde me sentí bien. No estoy sorprendido, aunque no es usual hacer casi un 80 por ciento de aciertos”, explica Clarke.
Eso fue el sábado. El domingo fue el turno de su coterráneo. Erik Buggs, también de 25 años y proveniente de la universidad de Valparaiso en Indiana, 1,80 metros y 73 kilos, se inscribió con 28 puntos, 7 rebotes y 58 por ciento de efectividad ante Las Ánimas en el triunfo 74-70.
“Me sentí muy bien. Estamos creando una buena química en el equipo”, declara Buggs, quien llegó a Chile con tarea: “Mi entrenador de la universidad me dijo que pasara por Valparaíso y me gustaría conocer la ciudad”.
En esos dos extranjeros, la UC de Miguel Ureta pretende acordarse de los tiempos mozos del club y volver a pelear por los títulos. El Mono, eso sí, es cauto a la hora de ponerles esa presión: “No sería justo evaluarlos por dos partidos. Hay que tener más tiempo. Pero lo más importante de ellos fue su gran actitud”.
Clarke y Buggs quieren ser los puntales del quinteto cruzado, que se completa con Manuel Barrientos, Rubén Molina y Christian Díaz. La UC largó líder de la LNB con dos triunfos y este fin de semana tratará de mostrar en Chiloé que no fue casualidad.
Los dos estadounidenses comparten ciertas cosas. Más allá de la edad, ambos vienen de Europa de equipos de medianía de tabla en sus respectivas ligas, pero con actuaciones personales destacadas.
Así, Clarke fue el cuarto mejor reboteador del torneo británico con el Plymouth University Raiders (10,7 por duelo), nada mal para un equipo que, el año pasado, no entró a playoffs. Buggs viene del Massagno suizo, el tercer mejor pasador de la liga con 5,4 asistencias por partido.
Lo cierto es que ambos llegaron al país conociendo poco del básquetbol criollo, aunque han quedado agradados con el nivel mostrado. “Sabía del básquetbol en Argentina y Brasil, no en Chile. Pregunté y me dijeron que había buen ambiente entre los compañeros. Aquí se juega duro y con buena defensa. hay buenos pasadores que te dejan bien ubicado para los tiros”, analiza Clarke. “Muy físico”, agrega, pero no cree que sea problema: “Puede que el fútbol americano que hacía cuando joven me ayude”.
Buggs, que presenta una situación inusual en Chile como base extranjero, destaca “la pasión con la que juegan”. “Los jugadores chilenos son muy competitivos. Ser base acá será una buena experiencia y un desafío para mostrar mi juego”, añade.
“A la luz de los resultados debemos estar conformes, pero destaco que son excelentes personas, trabajadores y se acoplaron”, analiza Ureta.
Ambos, además de sus cualidades, traen situaciones particulares. “Quería jugar con el 1, que siempre uso, pero no fue opción”, dice Clarke, que usó el 45 como homenaje a un amigo que se casó el fin de semana pasado. Mientras, Buggs se califica como un jugador “errante”, pero no es problema: “Me gusta eso. Puedes ver el mundo y contárselo a tu familia. Quiero conocer Chile y recorrer lo que más pueda el país”.
LA TERCERA
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