Fue un triunfo que salió del Alma, porque Filipinas fue un hueso duro de roer, y Argentina lo ganó en la agonía por 85-81.
En el duelo de las hinchadas más numerosas de Sevilla, Argentina se enfrentaba a Filipinas para recuperar confianza y juego. No era una situación fácil. Los equipos como Filipinas complican porque, sin presiones y con mucha velocidad, pueden darte un disgusto.
Y el disgusto fue de arranque. Porque Filipinas impuso su juego, pese a perder a Blatche rápidamente por 2 faltas. Sin él, la rompieron: movilidad velocísima del balón, muchos pases, pick & pop continuos y altísima efectividad de tres puntos o descargas cerca del cesto.
Argentina no era exactamente que defendía mal, pero no llegaba a tiempo en las rotaciones ante la velocidad con la que sus rivales cortaban y se pasaban el balón. Encima, las bombas le entraban con facilidad, por lo que no extrañó el 12-2 del inicio.
Argentina tardó bastante en recuperarse, con dos líderes: Campazzo y Herrmann. No estaba mal, pero el tema es que Facundo lo hacía al ritmo de los filipinos (y el suyo), que no era lo que parecía más conveniente, porque se seguía sin conseguir bajar el ritmo del partido. De todos modos, es fácil decirlo desde afuera y difícil, a veces, concretarlo adentro. Porque si la trampa está bien tendida, como lo logró Filipinas, una vez adentro es complicado salir.
Para eso, fue necesario que Prigioni tomara las riendas y, muy inteligentemente, bajara el ritmo con un par de ideas claras: pick and roll con Scola. Si podía, descargaba para Luis adentro. Si no (como hizo dos veces seguidas), bandeja al aro.
Con eso cambió mucho el juego, porque al mismo tiempo que cambió la estructura de tirar triple (llegó a tener 15 triples y 12 dobles lanzados), abrió la cancha para tiros de tres mejor tomados. Argentina metió un buen sprint y, con una bomba de Mata sobre la bocina, se fue al descanso largo 43-38, una buena renta para lo que había sido el juego.
En el tercer cuarto, tras sacar 7 de ventaja (48-41), Filipinas metió otra ráfaga de juego endemoniado, Argentina cayó en el juego otra vez y los asiáticos empataron en 48, ya con Blatche en cancha (defendido muy agresivo por Nocioni).
Ahí empezó lo mejor del equipo de Lamas. Un muy buen ingreso de Laprovíttola, más la continuidad en el juego de un Mata mucho más intenso y atento y la efectividad de Scola, hizo que Argentina metiera un parcial de 20-5 y sacara 15, como para quebrarlo. Logró frenar el ritmo (por eso no volvían Campazzo y Herrmann), pero no aprovechó el momento para liquidarlo. Un par de bombas de Filipinas en el cierre del cuarto y otras dos de Alapag y De Ocampo en el inicio del cuarto período, volvieron a dejar el juego cerrado, algo que parecía ya impensado: 71-69.
De ahí hasta el final, con aciertos y errores, el juego en sí se descontroló bastante. Los filipinos siguieron lastimando con los tiros externos, más alguna acción de Blatche, y Argentina se plegó. Encontró tiros abiertos, que tomó, algunos entraron y otros no. Sin embargo, la cantidad de lanzamientos de tres fue excesiva, más allá de que el porcentaje fue bueno.
Falló Mata de tres y en la contra Alapag no perdonó, clavó un triple con la marca encima y le agregó suspenso al partido (82-81). Argentina confundido tampoco pudo resolver en el ataque siguiente, pero defendió muy bien la bola y evitó que Filipinas pasara al frente, lo que habría significado una inyección importante para los asiáticos.
Pero como costó meterla, en los dos ataques siguientes la pelota bailó en el aro, pero Prigioni primero y Nocioni después se encargaron de generar una opción, que el mismo Chapu se encargó de definir. Pero metió un solo libre y la posesión fue para Filipinas con 24s4 por jugar (83-81).
Los asiáticos durmieron la bola, Willim buscó encontrar un tiro cómodo, pero Mata lo bloqueó y le hizo perder el balón. Le cometieron falta a Nocioni, y este aseguró la victoria desde la línea de libres: 85-81.
Fabián García (Enviado especial a España)
fabiangarcia@basquetplus.com
En Twitter: @basquetplus
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