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12 jun 2014

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El nicoleño que trabaja por la “generación dorada” de Chile

Juan Manuel Córdoba nació en nuestra ciudad, se crió en el barrio Don Bosco y en el club azul y blanco dio sus primeros pasos en el básquet. Con el tiempo fue descubriendo sus cualidades como entrenador, destacándose en Rosario y recalando en tierras trasandinas de la mano de Luis Oroño, diez años atrás. Allí llegó a dirigir todas las selecciones masculinas.
Juan Manuel Córdoba tiene 41 años recién cumplidos, y hace diez que su pasión por el básquet lo llevó a tierras trasandinas. Sin planificarlo, casi sin quererlo. Como suelen suceder las grandes cosas de la vida. 
Nació en el barrio Don Bosco, que lo recibe con los brazos abiertos cuando sus tareas le dejan un “hueco” para poder escaparse, al menos una vez al año. El colegio Don Bosco fue su “segunda casa”, realizando allí todos sus estudios, desde el jardín de infantes hasta terminar el secundario. “Desde muy pequeño comencé a practicar fútbol en Don Bosco, lugar que frecuentábamos todos los chicos del barrio. Era muy amante del fútbol, pero todos los amigos del barrio que eran un poquito más grandes jugaban al básquet y un día, como a los 7 años, me invitaron a entrenar y nunca más salí de la cancha… me enamoré de este maravilloso deporte”, contó “Manu” desde Osorno, Chile, donde actualmente dirige.
“Comencé a practicar todos los días. Algunos días con el ‘gran Juan Rimoldi’, para mí el mejor entrenador del mundo ya que fue la persona que me enseñó el amor al deporte y despertó mi pasión, y el resto del tiempo con mis amigos o solo. Otra persona muy importante en mi vida deportiva fue Horacio Castro… mi hermano de la vida. El era un jugador con mucho temperamento a quien yo iba a ver jugar desde muy chico, era el jugador emblema del Don Bosco, jugaba con mucho corazón y garra. Puedo decir que estas dos personas quizás sin proponérselo me mostraron un camino a seguir y fueron durante mucho tiempo un ejemplo a imitar”, remarcó.
En el Centro Familiar y Deportivo hizo casi todas las inferiores, fue monitor, amigo, planillero, cronometrista, utilero… todo. Y también jugó un año en Regatas, a los 16.
Una vez finalizado el secundario, Manuel se fue a Rosario a estudiar Educación Física, pero Regatas lo contactó para integrar el equipo de juveniles, y entrenó un buen tiempo con el plantel superior conducido por Edgardo Vecchio. Pero viajar todos los días se le hizo demasiado cuesta arriba, y más adelante prefirió representar al Automóvil Club en el Regional de Clubes, experiencia que vivió junto a Claudio Butus. Ya a los 21, dejó a San Nicolás y comenzó a jugar en Rosario Central, donde le dieron para dirigir la categoría infantil “para justificar un dinero que me daban”, recordó. Allí estuvo dos años, y luego jugó en Banco de Santa Fe, también dirigiendo cadetes y juveniles. Sin proponérselo, el jugador de a poco le estaba dando paso al formador…  
 
La decisión
“En Banco de Santa Fe estuve cinco años, y como entrenador armé la escuela de básquet, dirigí todas las series, y una camada de jugadores que fuimos creciendo juntos hasta que el año 2000. Allí los jugadores le dicen al presidente del club que querían que yo los dirija en Primera, y ese año jugamos el Regional de Clubes y tuve que tomar una de las decisiones más dolorosas de mi vida: dejar de  jugar basquet y comenzar la vida de entrenador ‘profesional’”, relató el nicoleño
Esa primera experiencia fue muy buena, pero al término del primer año debió irse por un tema económico. Después de estar un año sin dirigir, tiempo que invirtió para capacitarse, dirigió a Ciclón de Rosario, un club de barrio al que sacó campeón después de 20 años.

Destino, que le dicen…
“Sobre el final de ese año (2003) fui a saludar a Luis Oroño para las fiestas a su casa, y en eso lo llaman para que se venga a Chile y me ofreció que lo acompañe. Y sin dudar, me vine con él”, recordó Córdoba. En el club Deportivo Valdivia estuvieron junto a Oroño dos años, y luego quedó el solo por cuatro años más, luego del regreso del “Ñato” a la Argentina. “Pasé momentos difíciles en un comienzo, pero luego otros muy felices y de grandes logros, que me permitieron en 2010 llegar a dirigir todas las selecciones nacionales de varones por dos años y medio”, contó. Después de haber conseguido tres podios a nivel sudamericano y dos clasificaciones a premundiales, un incumplimiento de la Federación Chilena lo alejó del cargo y del país, recalando durante una temporada en el Choco de la Liga Profesional de Colombia, donde llegó a semifinales.
En su regreso a Chile, rápidamente tuvo la oportunidad de dirigir a Osorno, donde dirige desde hace menos de dos años. Además, el cambio de presidente de la Federación le abrió las puertas otra vez de la selección chilena, donde dirigió a los Sub 16 en el premundial de Maldonado, y tiene por delante este año el Mundial Sub 18 en Alemania. 
Ya finalizada la temporada en Chile, Manu se prepara para viajar el próximo mes a Las Vegas, donde trabajará en un Campus de verano organizado por la empresa Courtside, y en el Eurobasket Camp. “La idea es vivir nuevas y diferentes realidades del básquet, mejorar mi inglés y mirar jugadores que quizás pueda elegir de refuerzo en la Liga Nacional chilena”, señaló. En agosto, luego de su periplo por norteamérica, el nicoleño volverá al barrio -al menos por unos días- para reencontrarse con sus afectos. Su camino lo llevará otra vez a cruzar la cordillera, aunque nunca se sabe lo que el destino tiene preparado para uno. “Me gusta trabajar acá en Chile, pero no descarto la posibilidad de dirigir en otro país. Mi sueño es poder mostrar mi trabajo en la Liga Nacional Argentina”, concluyó.

 
EL SEMILLERO
Trabajando “desde abajo”

Desde un comienzo, su trabajo fue reconocido por desarrollar jugadores jóvenes y obtener buenos resultados con ellos. “Desde el 2010 que estoy en diferentes procesos de selecciones y Chile ha conseguido posicionarse muy bien en Sudamérica en menores, lo que permitió participar en dos Copas Américas y volver a un Mundial después de 55 años”, contó Manuel. “Paralelamente, varios jugadores jóvenes de Chile han empezado a creer en sus posibilidades y buscan desarrollar su carrera fuera de su país, cosa poco común en otros tiempos”.
“Chile tiene material para poder soñar con subir algún escalón internacionalmente, pero necesita realizar un trabajo organizado y sistemático, bien planificado y con procesos de mediano y largo plazo. Lo bueno es que todos estos jugadores tienen entre 16 y 24 años, se ha crecido con el semillero y se puede crecer mucho más. La deuda es poder trasladar ese crecimiento a los Mayores, pero la base está, como diría el Bambimo”, remató, entre risas.
 
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