Sergio Hernández, mano a mano con Olé, analiza la Liga Nacional en su etapa de cambios. "No tengo en claro por qué se hicieron", dice el DT de Uniceub (Brasil). Resalta el valor de los jugadores y pide tratar a la competencia "como un espectáculo".
Si hay una marca registrada en la Liga Nacional, alguien que dejó su huella bien marcada, es Sergio Hernández. O simplemente Oveja. Es el entrenador más ganador de la historia y conoce nuestra competencia como la palma de su mano. Por eso todavía cuesta no encontrarlo en algún banco del país. Tras sus seis años gloriosos en Peñarol, el bahiense armó las valijas y se fue a Brasil para asumir un nuevo desafío con Uniceub, donde ya logró un título (Liga Sudamericana) y está en cuartos de la NBB, la liga vecina.
El bahiense de 50 años estuvo unos días Argentina para jugar dos amistosos ante Boca y en el medio se hizo tiempo para sentarse mano a mano con Olé. Una hora de charla con varios temas tocados y con la Liga y su actualidad tras los cambios realizados (sacar los descensos por dos años, entre otros) como eje.
-Primero quiero conocer un poco de tu actualidad. ¿Qué esperabas encontrar cuando te fuiste a Brasil y qué te encontraste?
-Su liga no es muy desconocida, la sigo hace varios años. Me encontré una Liga mucho más organizada y formal de lo que me esperaba del brasileño. Se respeta todo a rajatabla, ningún partido empieza un minuto más tarde de lo que tenía que empezar. Sí me sorprendió lo extradeportivo, sobre todo la sociedad brasileña. Pensé que nosotros éramos mucho más formales y es todo lo contrario, tienen protocolo para cada cosa y nadie se queja. En eso están muy bien, hay una gran exigencia para que cada equipo tenga su área de marketing y prensa, se cumple mucho con lo que pide la NBB con todo lo que es la promoción del equipo. Están bien.
-¿Y en infraestructura?
-Tienen algunos estadios mejores que los nuestros, y otros en los que van a tener que poner un poco más de atención. Si bien la Secretaría de Deportes donó de alguna manera los mismos pisos, aros y jirafas para todos los estadios, no sé qué tipo de control hay para que cada cancha tenga las mismas medidas de seguridad y esas cosas. Sí te encontrás con estadios top para 15.000 o 20.000 personas, como el HSBC Arena, el Maracanazinho o el Nilson Nelson, cuando acá tenemos sólo el Poli (Islas Malvinas) o el Orfeo. Pero es normal, estamos hablando de un país de 200 millones de habitantes que hoy es una de las potencias del mundo. Cuando acá hacés un estadio para 5.000, allá se hace para 10.000. También veo que hay mucho apoyo empresarial para hacer cosas en el deporte, interesa como negocio.
-Te fueron a buscar a vos, a Magnano en su momento, hoy hay varios jugadores en su liga. ¿Qué busca el brasileño del argentino?
-Fundamentalmente la experiencia. Nosotros tenemos una Liga de más de 30 años. Ellos están en una etapa que buscan de los entrenadores que tengan roce internacional y que los ayuden a crecer en varias cosas, más allá del juego. En los jugadores buscan lo que buscan en todo país del mundo, el argentino no sólo tiene calidad, sino también temperamento, es ganador. Y me parece perfecto que los nuestros vayan allá. Mientras tengan roce internacional y lo devuelvan a la hora de jugar en la Selección, bienvenido sea.
-No es fácil salir de una zona de confort como la que estabas, en tu país y siendo exitoso. ¿Te costó tomar la decisión de irte?
-(Piensa). No, Cuando empecé la última temporada en Peñarol sabía que iba a ser la última ahí y que iba a hacer un parate de la Liga Argentina porque estaba muy identificado con Peñarol. No iba a salir de ahí y a los dos meses aparecer jugando contra Peñarol, no me gusta y no me siento bien con eso. Había dos posibilidades, parar un tiempo, que lo contemplé muy fuerte, o irme fuera del país. Para eso tenía que ser algo especial, que lo veía en Europa. Pero apareció Uniceub, con un buen equipo armado, con posibilidades de salir campeón, cerca de mi país y con buenas condiciones en el contrato. No hubo muchas dudas para aceptarlo.
-¿Salir de Argentina te resultó fácil?
-No, a esta altura de mi vida es difícil vivir afuera de mi país, no me causa gracia. A los 50 años es más difícil hacerse grupos, conocer gente. Una persona es como una mesa, tiene cuatro patas: familia, amigos, trabajo y hobbie. Y acá me queda sólo trabajo, la mesa está siempre sobre la misma pata y me estressa un poco, porque el resultado de un partido puede ser extremadamente condicionante para tu humor. No debería ser así, yo tengo claro que en este trabajo no podés vivir pendiente del resultado. Y te lo digo yo que la vida me sonrió deportivamente hablando en los últimos 15 años. Tu humor, tu armonía y equilibrio no pueden depender de si ganaste o perdiste un partido.
-¿La Liga Nacional, con todo lo que representa en cuanto a desgaste mental y también físico, te quemó en cierto punto?
-No. Lo que pasa es que llega un momento en que querés algo diferente. El mismo tipo que me puteaba en 1997 se sigue sentando en la misma platea y sólo lo diferencia que tiene canas o está pelado, ya somos amigos con el que me putea. Me dice “yo te voy a putear”, y yo digo “sí, ya lo sé”. Entonces llega un momento en el que querés otra cosa. A la Liga la amo, pero no sé si voy a volver alguna vez.
-¿Entonces ahora no la extrañás?
-Yo extraño Argentina, mis costumbres, mis comidas, mi idioma, mis afectos, mis sobremesas. Esas tres patas que hablábamos. Si yo me quedo en Brasil tres años más se van a hacer solas esas patas, pero después es un tema de quedarse esos tres años. Es un tema psicológico. Vos decís “yo quisiera tener esto, esto y esto”. Pero a veces ni lo intentás porque no querés que te guste. Vos no querés quedarte a vivir en otro lado, pero a al mismo tiempo decís “por qué no”. Está comprobado que las mudanzas son duelos grandes en la vida de una persona. Imaginate irme a otro país y tener a mis hijos en Mar del Plata, a mi esposa en Olavarría. Es normal, no es tan grave, pero es así, hay un proceso de adaptación que lleva un tiempo y hace que te enfrasques en una sóla cosa, el trabajo. No es saludable. No es todo como se puede ver desde lejos, todos piensan que yo estoy debajo de una palmera tomando caipirinhas y no es así.
-¿Cómo analizás todos estos cambios que se dieron para esta temporada en la Liga?
-Nunca los entendí demasiado. A mi me gusta que se fundamente. Está bien que uno se anime a hacer cambios y que se equivoque. Lo que no tengo claro es por qué se hicieron estás cosas, por qué se cerró la Liga por dos años, luego llevarla a 18 equipos el año que viene y después a 20. Si alguien me lo explica bueno, pero hay una gran confusión. Se habla de que quita la presión y los equipos se animan a hacer más cosas, de poner a los jóvenes y no se sabe bien qué es un joven...
-Claro, los de los jóvenes en un tema. ¿Es correcto desarrollarlos así, mandarlos a la cancha casi porque sí?
-No corresponde, no es un lugar para ellos. No tiene nada que ver con lo que es desarrollar un joven. Si después aparece un Campazzo como fue en Peñarol, o un Vildoza ahora en Quilmes, que tienen un nivel de juego y maduración diferente a su edad, perfecto, porque juega ahora, jugaba hace 20 años y jugará dentro de 20 años igual. Pero forzar no tiene sentido. Hoy se dice “hay que poner a los pibes”. Lo hacés, el pibe no está maduro para jugar y bajás el nivel de la competencia. Ponele que no está maduro pero tiene un potencial enorme y sabés que va a ser un crack, bueno, se entiende. Pero la mayoría no tiene esas condiciones de crack. El chico no está preparado para jugar, engañás al pibe, a la Liga, a tu club. Eso no es un proyecto. Vamos a ser honestos. Una cosa es un proyecto y otra una necesidad. Juego con esto porque es lo que hay. No hay dinero, tengo que recurrir a los pibes de acá. Que haya honestidad.
-Muchos basaron los cambios en una necesidad económica, decían que la Liga no podía seguir así, que los clubes sólo gastaban en jugadores, que se fundían...
-¿Y ahora que van a hacer? La plata que hay se tendrá que repartir entre 18, y después entre 20. Y suben más jugadores, y esto y lo otro. Está bien que no se pague más de lo que tenés, me parece perfecto. Ahora, si esta situación hace que vos pases a potencialmente 20 equipos, ¿para qué? Tenés que laburar mucho, salir a buscar cosas, mejorar el producto, vender el área de marketing... La Liga Argentina no es una isla, no está sola. Los precios de los jugadores que ganan acá o en el fútbol tienen que ver con el mercado mundial y con lo que generan. Es muy difícil querer hacer algo de nivel sin gastar, de forma berreta.
-También se decía “no destinemos tanta plata en jugadores, destinemos en los estadios e infraestructura”. Gutiérrez, Quinteros y otros pesados ya dijeron que no cambió casi nada en ese sentido.
-Quimsa mejoró su estadio, ¿pero vos creés que lo hizo porque se ahorró el contrato de un jugador? ¿O pensás que toda la mejoría de Obras tiene que ver con los no descensos? No creo. No lo critico, simplemente no lo entiendo. Muchos dicen “es una locura no tener descensos”. Tampoco nos vayamos a ese extremo. Podría ser un proyecto a dos años, pero que alguien me fundamente por qué es mejor cerrarla dos años y pasarla a 18 y 20 equipos. No hay cantidad de jugadores para 20 equipos, el dinero se reparte entre más. ¿Cómo se va a jugar, seguirá este formato? No se sabe. Así, no lo entiendo. Pero bueno, todas las ligas tienen momentos así. Supongamos que son daños colaterales de un gran proyecto. O que se fracasó en un intento. No pasa nada, se retoma y listo.
-¿Hacia dónde pensás que tiene que apuntar la Liga para crecer?
-Históricamente tuvimos una buena Liga, y el producto deportivo era aún mejor de lo que se lo vendía. El grave problema de nuestra Liga siempre fue, dentro de una cultura del país y de Sudamérica, que el deporte no está tomado como un entretenimiento sino como un juego dónde sólo vale el resultado. La gente va a insultar a los rivales, a alentar a su equipo y a putear al árbitro. No tiene otra cosa. No va a disfrutar de un espectáculo. La gente nueva ve lo que hay y no quiere volver. Se sienta al lado de uno que escupe, putea, critica a su propio jugador; llega el entretiempo y no puede comer algo; si quiere comprar la camiseta del equipo le dicen “no, no se vende”. Pasa eso y dice “no voy más”. Por ejemplo, en Obras me encantó ver a las nenitas caminando con la camiseta rosa, “son boludeces que suman”, diría Miguel Del Sel. ¿Eso qué tiene que ver con bajar los contratos de los jugadores? Los subproductos, que son los jugadores, son clave para la venta del producto. Acá dicen "los jugadores ganan demasiado". Así, bastardeás al jugador, lo sacás del lugar de estrella, ponés como punto importante otra cosa y listo, se terminó. El atleta es sagrado, es con el que tenés que vender el producto. Gutiérrez, Quinteros, Campazzo, Laprovittola, por ejemplo, son productos premium. No los podés pagar, no los tenés y listo.
-Siempre se dijo que la Liga es para los que pueden...
-Es así. Y no es sólo un problema del básquet, pasa en todos los deportes, también en el fútbol. Hay un libro sobre Guardiola en el que habla un dirigente del Barcelona y dice "nosotros no competimos como dirigentes con el Real Madrid, nosotros somos una empresa de entretenimiento, con un producto principal que es el fútbol y subproductos que son los jugadores. Vendemos a partir de ahí, pero competimos con Disney, con el Cirque Du Soleil. Le tenemos que ofrecer un entretenimiento a la gente”. Y es así. Eso es cultural, acá hay que hacer un cambio cultural del deporte en general. Vos tenés que buscar que la gente quiera estar ahí, que quiera ser parte de eso, pero ¿por qué va a ser parte de un espectáculo donde nosotros lo bastardeamos? Decimos que la Liga es mala, tiene bajo nivel, los estadios son malos, vas a jugar a algunas canchas y salís todo escupido. Es muy amateur todo. Sólo va a ver básquet el que es muy hincha de básquet, pero tenés que llevar al otro a la cancha, al que quiere ver un espectáculo.
Fuente ; Ole
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