"El triunfo se te convierte en una adicción. Tengo que bajar un poco un cambio", confiesa Sergio Hernández. " Me gusta buscar la excelencia en lo que hago".
Nota imperdible realizada al Oveja Herández, en su paso por BuenosAires donde el equipo que dirije, el Uniceub jugara con Boca Juniors.
-¿Desde lo cultural es muy difícil ser técnico en Argentina?
-Ser entrenador es difícil en cualquier parte del mundo. Lo que pasa es que acá hay que ser guapo para perder. La diferencia es cultural. Acá lo único que importa es el resultado. En otro lado, termina el partido y te vas un poco triste si perdés, pero queda ahí. En la NBA perdés y están todos esperando la salida de los jugadores para la foto o el autógrafo. Va más allá del resultado, el jugador es su ídolo más allá de que ganes o pierdes. Acá perdés y tenés que salir por el garage.
-Después de tanto éxitos, ¿cómo hacés para renovar las ganas y el hambre?
-A mi me pasa la contrario, tengo que bajar un poco un cambio. Estoy muy resultadista, demasiado para mi gusto.
-¿Cuando te diste cuenta de eso?
-Hace unos años, desde que vengo diciendo que me voy a tomar un tiempo y nunca me lo tomo.
-¿Y por qué pensás que llegaste a este punto?
-Porque el triunfo se te convierte en una adicción. Nunca más volvés a ser el mismo después de que ganás, no te conforma otra cosa. Te ponés un poco obsesivo con el resultado. Antes de ganar quizás te conformás con estar entre los cuatro primeros, después no hay tutía.
-Y cuando el triunfo no llena ese hueco, ¿cómo te sentís?
-En el momento, frustrado. Pero a mi se me va rápido, analizo y acepto que el otro fue mejor o nosotros no estuvimos a la altura. Lo tomo como parte de esto, no me creo ni el mejor ni el peor. Cuando vos te ponés resultadista, el problema no es el momento después de que perdiste, sino el día antes de jugar, porque le ponés una expectativa demasiado grande a la situación. El éxito o el fracaso en la vida depende mucho de la expectativa que vos le pongas a algo. En realidad el verdadero éxito, lo que yo debo buscar hoy como entrenador y me está costando pese a que trato de transmitírselo a los jugadores, es ganarte a vos mismo cada día, dar un salto de calidad, tocar el techo cada día. Después, como hay una oposición, a veces te alcanza para ganar o no. Cuando te ponés tonto como yo, cometés el error de hacer lo que decís que no tenés que hacer, que es tomar la palabra ganar como ganarle al otro.
-¿Cómo se arregla eso?
-Bajando los decibeles, hablándolo. Hay herramientas. Ojo, esto que me pasa a mi le puede pasar a un abogado, carpintero o lo que sea.
-Al margen de los resultados, qué desafío tenés como entrenador para lo que viene? ¿Europa?
-Digo Europa porque me parece que es el salto de calidad más alto que podemos dar nosotros. Lo tengo en claro que no es entrando por el Real Madrid, Barcelona o CSKA Moscú, como también que no voy a ir hacer una experiencia piloto en un equipo destruido. De todas maneras, eso no me afecta. Si el año que viene dirijo la Liga de Uruguay, lo voy a hacer como si fuera San Antonio Spurs. Por eso yo nunca tuve sueños. Los trato de generar, de hacer las cosas todos los días para ser mejor entrenador, estar mejor considerado y que eso me lleve al mejor lugar. No me muero si no voy, no pasa nada. No voy a ser mejor o peor entrenador, ni tampoco intento ser el mejor o ganar millones de dólares. Me gusta buscar la excelencia en lo que hago. Y ganar (risas).
Fuente , Solamente Basquetbol
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Publicar un comentario