Carey Scurry fue un gran jugador de básquetbol que pasó por la NBA y recaló en Mendoza para estar unos meses en Regatas, hace casi 20 años. La historia increíble de un talentoso atleta volteado por el alcohol.
Con sus dientes grandes y una enorme sonrisa, se lo ve jugando al básquetbol en el cemento neoyorquino, en el barrio más poblado de Brooklyn, muy cercano a uno de los puentes más famosos de Estados Unidos. El hombre, de 50 años, se mueve son soltura y su figura todavía aguanta varios partidos de streetball (básquetbol callejero) contra los más jóvenes.
Carey es el tercero de los diez hermanos Scurry, que en su mayoría se dedicaron al básquetbol, como Paul y Moses. Con ellos comparte la conexión con el deporte y arman un equipo totalmente “Scurry”, que juega varios torneos al año. Los más chicos suelen rodearlo para escuchar las más diversas y graciosas historias que cuenta Carey, a quien apodaban The Dog (El Perro) en su juventud. A esos niños y adolescentes les resulta casi increíble que ese personaje haya jugado en tantos lados y hasta en la NBA.
Y, entre tantas historias, sus músculos y huesos estuvieron recorriendo calles mendocinas durante los cuatro meses que jugó en el Club Mendoza de Regatas en el Torneo del Ascenso, hace casi 20 años, entre setiembre y diciembre de 1993.
Quienes lo vimos no podemos dejar de decir que fue el jugador más espectacular que participó para un equipo mendocino.
El nombre de Carey Scurry aparece con luces y sombras, como ha sido su vida, y se lo menciona en Canasta latina, de Nanoragi and Company, y en Historia del baloncesto, de Javier Ortiz (España), como en varios capítulos de la historia del Colo Colo de Chile o en su paso fugaz por el baloncesto del Granollers español.
Sus tres temporadas en Utah Jazz en la NBA fueron el top alcanzado por un hombre que pudo haber brillado históricamente pero a quien sus problemas disciplinarios y su “sociedad” inviolable con la cerveza le negaron más notoriedad.
Su capacidad defensiva y para bajar rebotes le permitieron entrar a la Alexander Hamilton High School, en Brooklyn, cerca de su casa, y en esos partidos de escuela secundaria recibió ofertas de universidades de Houston, Carolina del Norte y Louisville. Pero decidió quedarse en el barrio: fue a Long Island University.
En los Blackbirds de la Long Island, Scurry se consagró campeón de la Conferencia Noreste en 1984, lo que le permitió participar en el Nacional de la NCAA. Fue nombrado como Jugador del Año de la Conferencia Noreste, fue MVP (el más destacado) y miembro de los conjuntos ideales tanto de la Conferencia como del torneo en 1984 y 1985.
Se consagró, junto a Hakeem Olajuwon, como máximo reboteador de la NCAA. Entró el draft (elección de jugadores novatos) de la NBA en el lugar 13º y fue elegido por Utah Jazz. Allí jugó tres temporadas, del ’85 al ’88, junto a John Stockton y Karl Malone (integrantes del Dream Team en 1992).
En su primer año con pocos minutos en cancha promedió 4,7 puntos y 3,1 rebotes, en su segunda campaña, pese a sus problemas disciplinarios disputó un promedio de 10,9 minutos en 69 encuentros (5 puntos y 2,9 rebotes).
Logró superar nueve veces la barrera de los 20 puntos, además de conseguir dos doble-doble consecutivos, frente a los Seattle Supersonics y Los Angeles Lakers en1987. En este partido enfrentó nada menos que a Kareem Abdul-Jabbar y Magic Johnson. También estuvo face to face con Michael Jordan (Chicago Bulls) y Larry Bird (Boston Celtics).
Pero su adicción al alcohol le creaba enormes problemas con sus compañeros y con el entrenador. También firmó un breve contrato por cuatro partidos con los Knicks de Nueva York, para despedirse así de la NBA y volar por el mundo.
Aterrizó en Grecia para jugar en Olympiacos, y con su agilidad y movimientos logró ser el ídolo de la hinchada. El DT era de gran experiencia y amante del “básquet control”, prefería el juego ordenado y “normal” y no el show. Carey hacía de las suyas adentro y afuera de la cancha (líos y mucho alcohol en una discoteca), pero el cariño de los hinchas le permitía seguir. En un partido de cuartos de final de la Copa Europa contra Juventud (España) había sido el encargado de levantar a su equipo, que estaba 15 puntos abajo, y tras hacer una volcada con apenas tres segundos de posesión de balón, el entrenador lo mandó al banco. No le gustó y le pegó una patada por atrás.
Luego, en la Liga Española, fue a Granolliers y debutó ante el poderoso Barcelona, al que le hizo 27 puntos y donde bajó 13 rebotes. En una borrachera a la española tuvo un accidente de tránsito y estuvo tres meses para recuperarse.
Su Brooklyn querido lo acogió y con su físico en condiciones recorrió el país jugando al básquet sobre cemento junto a su hermano Moses.
Un agente de jugadores lo tentó para viajar a Argentina y llegó al poderoso GEPU de San Luis para moverse al lado de Maggi, Lobito Fernández y Carl Amos. Promedió 27,4 puntos y, a pesar de su capacidad goleadora y rebotera (35 puntos y 12 rebotes), en una de las finales no pudo con el Atenas cordobés de Milanesio y Campana.
Le querían renovar el contrato pero prefirió regresar a Europa, en donde recaló en equipos de Francia y Bélgica.
Volvería a Argentina y fue en Regatas en donde jugó el TNA. Fue parte del equipo de José Podskoc junto a Paco Festa, Caco Colla, Pablo Melo, Rodolfo Zagaglia, Mauricio Pedemonte, Fernando Reyes y Marcelo Armendáriz. En la primera fase fue el mejor equipo y era un lujo para los ojos ver jugar a ese plantel y disfrutar de las volcadas de Scurry.
Hizo jugadas magníficas “a lo Jordan” y la gente llenaba el estadio Pascual Pérez para verlo. Lo sufrieron grandes equipos, como Obras Sanitarias, Lanús y River Plate.
El hombre era tan habilidoso como disciplinado y se despidió el 19 de diciembre de 1993 en el triunfo ante Deportivo Madryn por 96 a 80, con 22 puntos. En su lugar llegaría Clarence Hanley.
Fue ídolo en el único título de básquetbol del Colo Colo y en una semifinal ante Petrox metió 67 puntos. Volvería a Nueva York para jugar en la calle y gastarse los dólares ganados en América del Sur.
La pensión vitalicia de la NBA (para él, unos 7.000 dólares al mes) lo salvó a partir de los 44 años.
Muchos lo apodaron el Jordan Borracho, pero mejores sobrenombres serían Maravilla, Volador, Loco o simplemente Indomable.
Pudo ser todo, pero prefirió el básquet callejero.
Fuente : El diariouno.com
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Excelente recuerdo de un jugador inolvidable para Mendoza!!
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